¿Acaso esta nueva disciplina viene a sustituir a la ética médica, disciplina que hasta hace poco
ha venido guiando al profesional de la salud? En absoluto. Por el contrario, la ética médica
permanece como matriz rectora y a la vez parte principal de la bioética. Así se deduce de la
definición de bioética de la “Encyclopaedia of Bioethics”: estudio sistemático de la conducta
humana en el ámbito de las ciencias de la vida y de la salud, analizada a la luz de los
valores y principios morales" (Reich, 1978).
La ética médica no es sólo una parte de la bioética, sino que goza además de especial
relevancia en el conjunto de la nueva disciplina. Por la riqueza de su tradición científica y
humana – ausente en el resto de la Bioética- posee un especial valor que no puede ser
ignorado. La pretensión ilusoria de construir una ―ética nueva‖ que habría de romper con la
ética tradicional no sólo carece de fundamento sino que deja traslucir una notable ignorancia.
Ciertamente la bioética – y con ella la ética médica- afronta hoy problemas nuevos, pero
cuenta con los mismos medios de siempre para resolverlos: el uso juicioso de la razón y la
luz de los valores y principios coherentes con la específica forma de ser del hombre. No
puede ser de otra forma.
Por el contrario, sí resulta nuevo el talante dialogante, tolerante y respetuoso que preside el
ejercicio bioético. Así lo exige la diversidad cultural e ideológica del mundo actual. Sin
embargo, ser tolerante no significa rebajar las exigencias de la realidad, ni el reconocimiento
de sus auténticas implicaciones éticas. Traduce en cambio la conciencia de que sólo una
actitud de diálogo abierto y honesto, respetuoso con la legítima libertad de las conciencias,
puede permitirnos avanzar juntos hacia el reconocimiento de los valores y principios
auténticos.
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