En el caso de los trasplantes de órganos, estamos hablando generalmente de un acto de
donación y generosidad, ya que existe un donante que de manera altruista se desprende de
una parte de su cuerpo y la sede a otra persona, para que ésta pueda tener una mejor calidad
de vida o inclusive salvarla.
Pero existen ciertas implicaciones de carácter físico. Por un lado, se debe saber qué tipo de
órganos son aptos para ser donados, qué personas son aptas y qué repercusiones en su salud
o estado físico se dan con esta donación, entre otras cuestiones de carácter médico que
implica el trasplantar un órgano.
Por otro lado, existen también cuestiones de carácter ético, como la libre decisión de la persona
que va a donar, la concientización psicológica de que se va a desprender de una parte de su
cuerpo, entendiendo que forma parte integral de su persona y no es un objeto que se puede
manipular.
Está también el caso de trasplante de órganos a través de personas que ya fallecieron, o fetos
que no pudieron cumplir con su proceso de maduración. En este caso debe existir un
consentimiento explícito por parte del donante en vida, que debe ser respetado por sus
familiares, los padres en el caso de las personas aún no nacidas.
Los médicos juegan un papel muy importante en esta cuestión, ya que deben tener el cuidado y
preparación necesaria para llevar a cabo estos procedimientos. Así mismo, deben informar y
concientizar a las personas de las consecuencias físicas y morales que implica el trasplante de
un órgano y respetar la voluntad de las personas fallecidas acerca de su cuerpo. El ser humano
debe tener la conciencia ética para no caer en un comercio o tráfico con los órganos de las
personas, incurriendo en un delito gravemente penado, que en algunas ocasiones se ha
llegado a dar no sólo con cadáveres, sino con gente viva.
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