A través de la fecundación en el útero o in vitro, la ciencia ha ayudado a que muchas personas
puedan generar vida y tener hijos. Aunque el desarrollo científico, cuando toca con temas tan
fundamentales como la generación de la vida, implica también distintas cuestiones éticas.
Este tipo de fecundación, conlleva varias cuestiones, como la de caer en la manipulación de
células y embriones como si fueran objetos o instrumentos de intercambio. Estar
experimentando constantemente con ellos, o inclusive congelarlos mientras no se necesitan o
si no, desecharlos. Otro dilema ético es cuando se decide involucrar a terceras personas
directamente sin acudir a un banco de donadores, generando en muchos casos un posible
reclamo del padre biológico y generando situaciones de incertidumbre y confusión para los
involucrados.
Mejoría genética
Por supuesto que la genética no ha quedado afuera del desarrollo tecnológico del ser humano.
Se han logrado avances considerables como en el caso de la eugenesia, en la que se
interviene en los genes del hombre para modificar algún error genético o enfermedad
congénita, con la intención de que el hombre y sus genes se desarrollen sin ninguna
complicación. Pero la intervención no ha sido sólo para corregir algún mal congénito, sino
también para mejorar algún gen y generar en el hombre el aumento de alguna capacidad o
cualidad específica, en algún caso físico y en otro intelectual.
Podemos ver que aparentemente esta situación es para mejorar la calidad genética de los
seres humanos, pero en el terreno ético surgen también algunos dilemas, como el de corregir o
alterar genéticamente a un ser basándose en criterios del que modifica, ya sea algún científico
o los mismos padres si es el caso de un embrión. En este caso se está violentando la
autonomía del ser por nacer, buscando una perfección con un criterio subjetivo y en algunos
casos hasta racistas.
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